Con un hombre menos, a tres minutos del final del partido, de un córner que tuvo rebotes previos antes del gol y con el festejo de uno de los nuestros mirando a los ojos a la hinchada rival. Así, como más nos gusta, aunque a veces nos hagamos mala sangre, ganamos en Liniers.

La camiseta de Boca tiene peso propio. No es para cualquiera. No puede subestimarse. Mucho menos, darla por derrotada antes de tiempo. Este sábado en el Amalfitani, donde pensaron que nos iban a llevar puestos jugar con 10 jugadores durante más de 25 minutos, dimos una nueva muestra de carácter.

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Nos faltan corregir mil cosas. El equipo no rinde como nos gustaría, el DT hace cambios que cuesta explicar, los partidos se nos complican más de la cuenta y hay jugadores que deben levantar el nivel. Pero la historia es la historia, no hay con que darle.

La vara debe subirse, ya que conformarse con esto no alcanza y todos tenemos en claro que el techo está alto. Para lo que realmente nos alimenta la ilusión nos falta. Pero cuando hablen aquellos que desconocen la historia del cuadro más popular del país habrá que mostrarle partidos como los de esta fecha.