Minuto 85 del partido. Otro cambio en Boca. El cuarto árbitro levanta el cartel y aparece el número 22. Afuera Sebastián Villa, adentro Luis Vázquez. La silbatina se hace presente en ciertos sectores de La Bombonera e indica que algo no anda bien. El problema no es con el jugador, sino con la situación.

La reacción de la tribuna explica lo que muchos nos preguntamos hace tiempo: si está jugando mal, ¿por qué no sale? Si hay otro en su puesto que está mejor, como el pibe Langoni, ¿por qué tiene siempre la prioridad? Lejos de beneficiar al equipo, las decisiones tomadas desde el banco exponen aún más al propio futbolista y atentan contra el funcionamiento colectivo.

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Nadie puede negar las condiciones del colombiano que llegó a 150 partidos con la camiseta azul y oro. Es desequilibrante, posee una velocidad incomparable, abre partidos que están cerrados y hasta le convierte seguido a River. Pero la realidad indica que hoy no atraviesa un buen momento y está lejos de su mejor nivel. Al fin y al cabo, algo que le puede pasar a cualquiera que practica este deporte.

Ya quedó comprobado que este Boca, al que todavía le queda mucho por mejorar, puede rendir con otro esquema y hasta con otros nombres en cancha. La expresión popular de los hinchas fue un claro mensaje: si el fútbol se trata de momentos, este es uno para comprender que adentro tienen que estar los que están mejor.