Si bien la sensación fue negativa porque merecía más que el punto que cosechó, Boca se fue con la frente en alto del partido ante Vélez. Las razones son fáciles de describir: generó las situaciones necesarias para llevarse una victoria y fue en la mayoría del partido superior a su rival.

Hay algo que no debería perderse entre la bronca por el empate: Boca jugó bien. No fue un Boca que empató porque se refugió, porque no encontró respuestas o porque dependió de una individualidad para rescatar un punto. Fue un equipo que reaccionó después de quedar en desventaja, que buscó el partido y que durante buena parte de la noche mostró argumentos para ganarlo.

Boca igualó 1-1 con Vélez. (Getty)

Vélez golpeó primero, con un tiro libre y varias jugadas en el arranque del partido. Pero Boca no se desordenó. No entró en desesperación y eso antes no sucedía.

Doble desafío: revalidar y agregar contundencia

Claro que siempre hay cosas para mejorar. Boca puede ser más contundente y sigue lamentando no tener un delantero central que se sienta como tal. Miguel Merentiel acompaña, ayuda, pero no se muestra cómodo en esa función. Veremos cuando se sume Enner Valencia si el ecuatoriano lo logra.

El desafío ahora es conseguir que este tipo de actuaciones sucedan cada vez más seguido. Los problemas defensivos parecen haber quedado atrás, en especial en el segundo tiempo. Y el mediocampo cada vez más firme y además ayuda en el ataque. Falta el gol de los delanteros: si Rodolfo Arruabarrena lo consigue, estamos hablando de un equipo que puede prometer pelear los partidos como al hincha de Boca le gusta. Ojalá que así sea, porque es algo que está esperando hace mucho tiempo y no lo logra.