Si la popular frase que indica que “los equipos se arman de atrás para adelante” todavía tiene algún tipo de validéz, Boca puede sentirse seguro. Porque en la zaga central hay dos muchachos que, sea amistoso o por los puntos, juegan con el cuchillo entre los dientes durante los 90 y pico de minutos que duren los partidos.
De arriba, te ganan. De abajo, se imponen. En los duelos individuales, son prácticamente impasables. En las divididas, andá fuerte porque ellos no dudan ni un segundo. Y para colmo, como si todo esto fuese poco, en el área rival se hacen sentir y lastiman. Todavía les falta para parecerse a grandes próceres que defendieron nuestra última línea, pero van por buen camino.
Lautaro Di Lollo se hizo con el correr del tiempo. Empezó con lógicas dudas propias de dar el salto de Reserva a Primera, pero no le escapó a la presión de convertirse en el número 2 de Boca, a tal punto que para este 2026 dejó de lado la número 40 para agarrar la que alguna vez llevaron Julio Meléndez, Jorge Bermúdez, Rolando Schiavi, entre otros. El trabajo, a la larga, paga.
Ayrton Costa le cerró la boca a todos, en especial a quienes lo juzgaron antes de tiempo. El “para qué lo trajeron” ya no se lee en las redes sociales, ni se escucha en los pasillos de La Bombonera. Un tipo que desde el día uno entendió ese concepto de la vida por los colores. Aún con cosas por mejorar, como cualquier otro, no tiembla el pulso para escribir que el mejor 6 del fútbol argentino lo tenemos nosotros.
No sé qué nos deparará este año. Ojalá lleguen refuerzos que potencien el plantel y nos den ese recambio necesario. Con lo que hay da la sensación de que estamos cortos. Pero no voy a mentir: siempre que vi un Boca sólido en defensa, y con buenos marcadores centrales, la cosa no anduvo tan mal.

Di Lollo y Costa, luego del triunfo de Boca ante Riestra.

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