
Ya era lunes cuando no podía dormir. Tres de la mañana, y los ojos abiertos como si se tratara de horas tempranas. Yo quería pensar que era por la jugada magistral de Román, amagando y logrando un caño de lujo. El defensor granate quedó en la historia, como lo hiciera Yepes en la misma cancha y ante la misma magia. Pero no.
Mi novia, amiga y compañera el domingo trata de calmarme. Me hace comentarios sobre Riquelme y su futuro que tratan de serenarme. Sabe que me duele y me tiene intranquilo lo que pase. Sabe que en los últimos días entré en una especie de tristeza. No por el paso del tiempo, sino por las jugadas mal intencionadas de los que se creen que pueden manejar el destino.
Boca se despidió el domingo de su propio campeonato interno. En él se enfrentaban el pueblo y la gente que maneja los hilos en el Club. La gente es el pueblo, la identidad, la idiosincrasia. Los dirigentes, está claro que no. Poco consuelo es saber, no haber votado a quienes están en la cúpula en estos días.
Miro el partido y me pregunto como muchos, a quienes aplauden. A quien critican. Quien les contó la historia de mala manera, quien les dijo que Román no era lo que es. Hay muchos hinchas que dudan de su capacidad. Me río mientras escribo esto. Es la única forma de hacerlo.
En este campeonato, que comento el rival a vencer es Román. Los dirigentes hacen todas las movidas necesarias para hablar a la prensa y decir: “Vamos a ver cómo responde”, “evaluaremos su condición”. Nunca los escuché hablando de otros jugadores, salvo en cámaras ocultas. Ponen en duda al único jugador, leyenda, prócer del club del que no tenemos dudas. Y el periodismo, amigote de ellos, les hace un guiño. Las preguntas sobre Riquelme, son más que sobre el equipo. De golpe nos podemos quedar con muchos de los que demostraron que nunca estuvieron a la altura de Boca, pero de él. DE ÉL, todo el mundo habla.
En las estadísticas y en la cancha ganó Riquelme. Pero en los escritorios no sé, y eso me asusta. Me tiene mal, me pone como a cualquier hincha nato de Boca. No como esos que cantan de cualquier otra cosa, cuando la mayoría de la Bombonera grita por su ídolo. Ellos, al igual que los dirigentes ¿son hinchas de Boca?
Ya de lunes, sus palabras retumban. Viajo en el tiempo al año 2007, cuando le di un libro de poemas a Boca, que me aventuré a escribir por nuestros 100 años. Él se bajó de su camioneta, y como si fuese amigo de toda la vida, se quedó hablando conmigo. Le importó, y mostró una condición humana que le vi a pocos. Ser del interior, le interesó. No sé cuantos minutos fueron, supuse que eran horas. Yo que siempre hablo, me quedé mudo.
De madrugada, me duele su frase “Veré si juego acá o en otro lado”. Entonces creo que tenemos un presidente ciego, sordo y mudo para las cosas que realmente importan. Se olvida que los votaron los socios, que son los mismos que le piden la renovación de Riquelme. Son los mismos que saben que en una semana no estará en el país. Termina el torneo y se va. Desde donde esté, se irá a ver el partido contra River en México. Los socios, ya vieron y vivieron esto. Estrategia para dilatar el tema. Volverá en junio, cuando todos estén esperando que Argentina gane un Mundial. Entre Messi, y las cábalas o no de Sabella, pasando por la discusión sobre si tendría que haber llevado o no a Carlos Tevez, si la decisión es que Juan Román no siga, el cimbronazo no será tan fuerte. No será tan levantado en los diarios, ni comentado en la televisión. Ya el cabaret habrá tenido miles de notas y opiniones de “opinólogos”, que se recibieron en el bar de la esquina. Del tema del mejor futbolista de los últimos 30 años, que juega en Argentina nadie se dará por enterado con la profundidad que merece.
En una nota excelente de Martín Caparrós en el diario Olé, el escribe a Angelici que “su trabajo no consiste en explicarnos por qué no está haciendo lo que los socios e hinchas quieren; su trabajo consiste en hacerlo”. Y no lo hace, por ende es Presidente para unos pocos. Para esa parte VIP, que en Boca desde los ’90 se cree dueña del club. Y no del pueblo, que es la que forzó y formó al club desde sus inicios.
Me quedan varias dudas escribiendo esto. La primera es sobre si la molestia del presidente, es porque no tiene la importancia que tiene nuestro 10. Como todos sabemos quiere hacer la misma carrera de Macri, y en cuestiones políticas el ego va más allá que la de muchos futbolistas. Él no es nadie. Riquelme es todo.
La otra es saber si le molesta que el primer gol de JR en primera fue contra Huracán. Un poco de chiste, mucho de verdad, es la pregunta que entre tantas serias y no se formulan, cuando las explicaciones no tienen lugar donde buscarse.
Perverso, malicioso, siniestro. Futuro político que querrá volver a los ’90 en lo económico y social. Se dará sus viajes lujosos, cuando el trabajador humilde busque la solución a este problema. No podemos pedir peras al olmo, y comportarse como hincha de Boca a alguien que no lo es. Tal vez cuando él decida renovar, Riquelme se haya cansado de tanto manoseo público, mediático, incoherente. Pondrá a muchos quejosos de su lado, sin saber cuáles son las armas poco dignas con las que pelea. Está todo pensado. Está todo, previamente definido en esas reuniones sin gentes, con unos pocos que no representan ni un DIEZ por ciento la identidad de nuestro amado Boca Juniors. Fueron los mismos que vendieron por plata los colores de la camiseta, los que no les temblaría el pulso para borrar la Bombonera, los que se saben en el poder que les dio el pueblo, pero que no lo representan.
Ojala esté a tiempo todo, para que cada hincha de Boca auténtico esté “felí”. Si no, será una muestra más de la inoperancia, de la falta de compromiso, y el no saber manejar el club por parte del señor que festejó sus 50 años en el Hilton porteño, con un slogan en el souvenir que decía “De la Boca a la Boca”. Risas aparte, dudo de que sepa qué es eso. La identidad no se negocia, ni se da en recuerdos de fiestas de cumpleaños.
La Bombonera ya habló. Riquelme también. Ojala esta historia tenga el final que todos soñamos. Necesito dormir y soñar tranquilo. Es lo único que pido.




