Acá, en este club, nos bancamos cualquier cosa. Nuestro sentimiento va mucho más allá de un simple resultado deportivo. Porque a la hora de estar al lado de Boca no nos interesa demasiado si el equipo va primero o no pelea el campeonato. Pero hay algo que no negociamos: las formas.
Podemos ganar o perder, salir campeones o deambular en la mitad de la tabla como ahora, emocionarnos en las buenas y contenernos cuando la cosa no anda. Lo que no podemos es permitir que ocurran situaciones como las de Mendoza, donde los jugadores mostraron una imagen que no coincide con los valores de nuestra historia.
El prestigio de la camiseta de Boca, que sabe dar vueltas en Japón y también de tener números pintados con fibrón porque no había plata para más, se defiende en cada partido. Da igual si es amistoso, por los puntos, por una copa nacional o la final de la Libertadores: esto pasa por otro lado.
Por eso, en medio de la bronca tras el 0-4 contra Godoy Cruz, vale decir que llegó la hora de que quienes cuentan con el privilegio de ponérsela, cumpliendo así el sueño de millones, deben entregarse a la gente y jugar por y para ellos. Esa será la única receta para ganarse el respeto de la hinchada más fiel del mundo.




