Juan Román Riquelme despierta pasiones en los hinchas de Boca desde su etapa como jugador del club. Desde hace muchísimos años que lo paran para pedirle una foto o una firma a quien ahora es el presidente del Xeneize.
Cuando el plantel hizo su viaje a Chile para jugar al Copa Libertadores, un hincha se encontró al ídolo y vivió un momento muy especial. Se trata de Santiago Acuña, un maletero del aeropuerto de Ezeiza que tuvo la posibilidad de conocer a Román.
Lo cierto es que aprovechó el regreso de la delegación desde Santiago y logró divisar al presidente, a quien tiene tatuado con el mítico festejo del Topo Gigio frente a River en 2001, mismo año en el que nació. “Yo creo que todavía no logro caer de lo que pasó y de lo que viví. No lo puedo creer“, explicó el protagonista de la historia en diálogo con Olé.
El antecedente fallido y la firma final: la historia del maletero que se tatuó la firma de Riquelme
Cada vez que Boca viaja a otro país u localidad dentro de Argentina una multitud los recibe en aeropuertos, hoteles y el estadio. En el medio de la logística también hay fanáticos que, si bien están trabajando, muchas veces aprovechan para saludar a los protagonistas.
Uno de los maleteros es hincha del Xeneize y en 2024 había buscado una foto con Juan Román Riquelme, justo en la vuelta de una derrota con Atlético Tucumán.
El tatuaje de Santiago Acuña con la firma de Riquelme.
Casi dos años después, el trabajador de nombre Santiago Acuña pudo cumplir el sueño de conocer a su ídolo. “El miércoles yo estaba haciendo el vuelo y sabía que venía él. Pero no quería molestarlo, hasta que un compañero le pidió una foto… y ahí me animé“, contó el empleado del aeropuerto de Ezeiza, en diálogo con Olé.
Le hizo firmar al ídolo en el tatuaje donde quedó inmortalizado el festejo del Topo Gigio, que tenía una dedicatoria muy especial. Horas después, el fanático se tatuó esa firma en su piel para siempre.
El otro regalo que se llevó de Riquelme
Está claro que para Santiago Acuña la firma de Juan Román Riquelme fue algo inolvidable y quedó inmortalizada en su piel. Pero no solamente se llevó eso, sino que el presidente le obsequió la campera que llevaba puesta.




