Es cierto que el techo futbolístico todavía esta lejos, que hay jugadores que deben levantar su nivel, que para competir en la Libertadores hay que mejorar bastante y todo eso que ya sabemos. Pero cuando Boca juega en La Bombonera es otra cosa.

El equipo se siente seguro ante su gente que, sin importar el día, el horario o la posición que ocupe el Xeneize en la tabla, llena la cancha y deja la garganta en la tribuna para empujar a los jugadores cuando las piernas ya no responden.

Hinchada hay una sola. Foto: Getty

Hinchada hay una sola. Foto: Getty

Las estadísticas hablan por sí solas y respaldan el trabajo de Almirón: de los últimos 10 partidos jugados en Brandsen al 805, contando torneos locales e internacionales, ganó 8. Allí, el Único Grande construyó una fortaleza que ahora deberá sostener durante la segunda mitad del semestre.

La deuda, claro está, pasa por revalidar este poderío fuera de casa. Porque como ya dijimos alguna vez por acá, el prestigio de la camiseta más grande del mundo debe defenderse de la misma manera de local o visitante. El domingo, contra Gimnasia en El Bosque, una nueva oportunidad.