Hablar de lo que genera la llegada de un futbolista como Santiago Ascacibar es ser un poco redundante. Está prácticamente todo dicho: viene ser capitán de su equipo, de dar varias vueltas olímpicas, de ser bandera adentro de la cancha y referente afuera, y de convertirse en un ejemplo para los que recién dan sus primeros pasos. Lo que se dice un líder. Por eso quiero ir un poco más allá.

En un fútbol donde el billete cada vez le gana más partidos a lo que dicta el corazón, este tipo eligió darle rienda suelta al sentimiento y se la jugó entera. A sus 28 años y en el mejor momento de su carrera, rechazó ofertas superadores desde el exterior, le cerró la puerta en la cara a nuestro eterno rival y movió cielo y tierra para cumplir el sueño de muchos de nosotros: ponerse la camiseta de Boca.

Por supuesto que con esto solo no le alcanzará para ganarse el respeto de la tribuna. A partir de ahora habrá que exigirle, como a cualquier otro que tenga la responsabilidad de defender los colores que nos atraviesan por completo, pero antes de eso elijo tomarme un ratito para destacar su accionar. Sin dudas, una clara lección para aquellos que intentan vivir la vida sin pasiones. Las verdades al final las regala el corazón.

¡La mitad más uno te alienta, Ruso!

Ascacibar es nuevo refuerzo de Boca.