Pasaron un par de horas, pero la bronca sigue ahí. No quiere irse del cuerpo. El empate contra los mendocinos en La Bombonera comprobó lo que ya veníamos olfateando: el presente de Boca es un tanto desolador. El equipo, que no contagia a nadie, ya no pisa fuerte ni siquiera de local.

En el orden de responsabilidades, Juan Román Riquelme está primero por una cuestión lógica: es el presidente. Por eso, desde este humilde lugar, sostengo que es momento que deje de subestimar el cargo de entrenador y vaya en búsqueda de uno que traiga consigo una idea y un proyecto. Después, vemos cómo le va. Pero el momento de pegar un volantazo es ahora, a poco más de un mes del inicio de la Copa.

Riquelme en su palco, preocupado por el presente futbolístico de Boca. Foto: Getty.

Luego aparece Claudio Ubeda, quien ya no tiene feeling con la gente y camina por la cornisa. Su ciclo está cumplido y debería dejar el cargo. Nada queda de aquella recta final del 2025. Los empates frente a Platense y Gimnasia de Mendoza, más algunas decisiones tácticas y futbolísticas, lo dejaron expuesto. Las reflexiones que hace en conferencia de prensa, también.

Los jugadores tampoco se salvan. Varios siguen en deuda y desperdician oportunidades a cada rato. La paciencia de la gente no es infinita, por eso desde hace algunas fechas comenzaron a sonar los silbidos en Brandsen al 805.

Deseo, de todo corazón, que estás líneas envejezcan mal y la mano cambie. Pero no volcar lo que siento en este momento sería mentirme a mi mismo. Esto ya se ha dicho, pero no hay problema en repetirlo: la camiseta y el escudo de Boca exigen mucho más que lo que estamos viendo.

La cara de Claudio Ubeda lo dice todo: Boca atraviesa un presente complicado. Foto: Getty.