Pasarán los años y Adam Bareiro le contará a Francesco y Vita, sus dos hijos, que el día de su debut oficial en Boca hizo dos goles y se fue aplaudido por todo el estadio.

También hablarán del cariño recibido por parte del pueblo boquense desde que pisó suelo argentino y de las diferencias lógicas entre nuestra gente y los de enfrente. Porque acá, antes que cualquier otra cosa, siempre habrá banca y apoyo para quienes elijen defender nuestros colores.

Por supuesto que se reirán juntos de quienes fueron por el camino de la broma, el destrato y la chicana antes de verlo por primera vez con la azul y oro, y terminaron la noche del 24 de febrero agarrándose la cabeza, como no entendiendo por qué en Boca tardó apenas 68 minutos en hacer un doblete y en Núñez pasó 16 partidos sin mojar.

No sé cómo terminará la película de Bareiro en Boca, pero el comienzo es prometedor. Ahora, más que nunca, mesura para el elogio y paciencia para el lógico proceso de adaptación de un tipo que aseguró estar listo para el desafío más importante de su carrera. La mitad más uno te alienta, Adam.

Bareiro festeja con el Topo Gigio.