Boca necesitaba un partido así, como esta sólida victoria ante Recoleta por la ida de los octavos de la Copa Sudamericana. No solo por el resultado, que lo deja muy bien parado de cara a la revancha, sino porque consiguió, en base a juego y paciencia, dar vuelta un resultado, algo que no había logrado en todo el año y que la última vez fue ante Barracas, el 27 de octubre del año pasado.
Es verdad que si contamos las cantidades creadas y el resultado final, la sensación es que se quedó corto. Que es un resultado que no te permite poner un equipo alternativo, pero no debería correr riesgos en la lógica de un partido con estos once que ya empiezan a salir de memoria en su gran mayoría.
Me empiezo a ilusionar: hay motivos
Boca tuvo muchas jugadas en el primer tiempo, cinco o seis claras, pero no pudo convertir. En el complemento, ya con el ingreso de Sebastián Villa (un cambio muy lógico y ofensivo de Rodolfo Arruabarrena), pudo avanzar con más peligro y darle chance a su “9” Santiago Ascacibar para que convierta, además de Milton Delgado y Leonel Flores, dos juveniles que nunca habían marcado en Primera División.
Lo más destacado de la noche: Boca siempre buscó más. Por más que haya revertido el resultado siguió buscando, insistió, porque sabía que podía. Si nos basamos en el partido frente a Estudiantes, Vélez y este contra Recoleta voy a decirles algo: tal vez sea hasta un error, cumplo en avisarles de manera anticipada, pero por lo menos a mí este Boca ya me empieza a ilusionar.
