Carlitos hizo lo que se pedía: le pegaron, se levantó y se plantó. El juego brusco de River fue bajando la intensidad y Boca terminó siendo superior. A Ponzio lo sacaron para que no sea expulsado.
Era lo que se venía pidiendo. Lo que se necesitaba, y quedó demostrado. Carlos Tevez desembarcó en Boca y le otorgó su estilo al equipo. También su personalidad. Por eso, fue el Monumental y se hizo respetar.
Su jerarquía y condición de estrella le otorgan ciertos beneficios, claro, pero que sabe usar. Tevez recibió golpes de entrada pero nunca “lloró”: se levantó y se plantó ante los “guapos” de River.
Herrera comenzó dudando pero luego no tuvo otra alternativa que empezar a amonestar. Se le escapó la segunda amarilla para Ponzio y Gallardo lo dejó en evidencia reemplazándolo en el primer tiempo. Ahí, el Xeneize comenzó a ganar el duelo.
Boca ganó por carácter, juego y también huevos, lo que en la semana reclamaron varios exjugadores para un Superclásico. Tevez fue responsable de gran parte de esto. Luchó con Ponzio, Balanta y Kranevitter, se paró ante Sánchez y reclamó con altura al árbitro. Nada más ni nada menos que lo que se pedía. A partir de Carlitos, este Boca cambió la actitud. Y se vio en el Monumental.
