Escribo esto, en medio de emociones. Tal vez eso es algo arriesgado, cuando se necesita tener la mente fría. Pero no. Todo está en caliente: mente, corazón, manos.
El segundo fin de semana de agosto, me tuvo como a todos los argentinos, sumergido en un mar de emociones. Y como bostero también. En lo que respecta a lo primero, el hecho de que Ignacio Hurban haya recuperado su identidad, fue un festejo multitudinario y necesario. La historia así ponía, un poco, las cosas en su lugar. Guido se convirtió en nuestro nuevo amigo, en nuestro nuevo hermano y Estela de Carlotto fue más abuela que nunca.
El sábado, tuvimos que ver como en la peor película de nuestras vidas futboleras, como Juan Román Riquelme se calzaba una camiseta roja y blanca y metía un gol. Parecía, por sus reacciones, que estaba en un partido a beneficio de alguna causa justa. Pero no. Estaba, nada más ni nada menos, que dándole una victoria a su nuevo –antiguo- club, una victoria con un gol suyo. A las 24 horas, Boca perdía una vez más en casa. Algo que era inimaginable hasta no hace mucho, de golpe se nos ha convertido en una costumbre.
Ahora bien. ¿Qué tienen que ver estos hechos? ¿Cuál es el punto de conexión entre la aparición de Guido Montoya Carlotto, con un partido de fútbol? Es claro que son temas muy diferentes, y la importancia no se pone en tela de juicio. Lo primero es algo increíble, es justicia, es amor, es paciencia, es esperanza. Es música. De la mejor. Ya sea el jazz de Guido, o cualquiera que logre lo mejor como en su caso, al permitirle dudar de su propia persona. Lo segundo, dista más que nada en los antónimos de las palabras utilizadas. Porque se enumeran la amargura, la injusticia, impaciencia, desesperanza, el peor ruido de todos. Pero ojo, es increíble que haya pasado eso. Por más que muchos lo quisieron por un tiempo bien largo.
Basta de preguntas. Basta de interrogantes. Lo que une a ambos sucesos, es la identidad. Ni más ni menos. No quiero faltar el respeto al tema que nos hizo emocionar, que nos hizo abrazar a quien teníamos al lado, pero es la única manera de graficar lo que me pasa cuando vivo fines de semana como el que pasaron.
Lo que hizo que Guido saliera a la luz, para aclarar las oscuras tinieblas de la historia nacional; lo que se despertó cuando hizo una jornada de música por la identidad, fue justamente ella. La identidad. Su identidad. Esa que le quisieron robar, que quisieron sacársela de una vez, pero volvió de mil veces y para siempre. Esa palabra tan magnifica, que tiene en este país tanta importancia, parece que en La Boca hace unos años no la conocen.
Perdón pero lo siento así. Y el hecho de que Román diga lo que dijo al terminar el partido, hicieron que pensara más acerca de esto. Y ojo que no hablo solamente de la identidad de tirarse a barrer la pelota, del huevo y el sacrificio. No hablo solamente de las imágenes épicas de décadas pasadas, o en blanco y negro que nos llenaban de orgullo. Hablo de algo tan simple y lógico como el ser hincha de Boca. Poner en duda el amor por los colores de la dirigencia, por parte del 10, no hizo más que darme la razón en lo que pienso. Y es, que no nos quiten la identidad.
Porque ya como escribimos en la nota por un aniversario del Club , lo que identifica es lo propio, y la identificación con algo, o en este caso con alguien. Juan Román, si bien posee críticas de algunos hinchas, fue la última conexión con una época dorada, la más gloriosa de Boca. Inclusive la que excede la época netamente de Carlos Bianchi. El último ídolo de Boca, y el más grande de la historia para muchos, fue manoseado y utilizado según las conveniencias de una dirigencia que cuando tenía que tomar decisiones viajaba por el mundo.
Esa es la primera gran preocupación. Muchos ídolos de Boca se han retirado sin el trato necesario. Porque si bien los jugadores y los técnicos pasan, son los primeros los que más cerca del hincha están. Y los que generan esta identidad de la que hablamos. En el caso de Riquelme, es tan fuerte que hasta muchos hinchas de Boca irán a ver fútbol a La Paternal, más allá de que no juegue Boca.
Esta fue la última muestra de que las cosas en el club que fuera de barrio, no se están haciendo bien. Se quieren parecer a los europeos, cuando allá a las grandes glorias se las contrata de por vida, quieren hablar del Club y quieren jubilar la casa de todos. Quieren hacer las cosas por el bien de Boca, y se venden al mejor aceptando colores inapropiados e injustificables para ser furor en “marketing”.
Sabemos que las comparaciones son odiosas, pero hay que mirar un poco a los demás clubes. San Lorenzo llegó a la final de la Copa por primera vez, dos años después de un posible descenso de categoría. Lo mejor que les pasó en ese transcurso fue la vuelta al barrio de donde los echaron. Y el Presidente se puso la causa al hombro. Algo que es digno de admiración, cuando los hombres que manejan nuestro club, van a pedir capitales extranjeros para que la cancha de Boca, sea cualquier cosa y no “La Bombonera”.
Estamos ante una pérdida de identidad que muchas veces asusta. Y no lo escribo por perder un partido contra Newell’s. Pero el rival sabe a que juega. Desde inferiores todos juegan a lo mismo, y los jugadores poseen un sentimiento de pertenencia que no se muy seguido. Porque se respeta la identidad. Se cuidan los que le dieron cosas al Club. No se habla tanto en las cámaras y se trabaja más de las puertas hacia dentro.
Román no jugará en Boca. A lo sumo volverá como Presidente, según sus palabras. El nuestro dijo que lo votaría. Pero para eso se debe conocer la historia y la identidad de Boca. Aprender más de ese barrio pobre, que se volvió gigante. De esa cancha que tiene un lugar de jerarquía en el ámbito futbolístico. De la gente, que no olvida a los que nos dieron todo. Y de los ídolos, que nos llevaron a ser los que somos.
Attaque 77 cantaba “prevenir es curar y luchar es remedio”, en su Canción Inútil. Prevengamos y luchemos para no enfermarnos en el futuro. Hagamos caso para hacerles frente a los inútiles, y que se empapen de identidad. Que se fijen en el abrazo de Estela de Carlotto y su nieto. En ese apretón de años entre Guido y su abuela. Para no olvidar. Para que respeten la historia. Para que no nos quiten la identidad.
