Escribo esto mientras trato de poder digerir el partido contra Rosario Central. Es otro golpe, otra cachetada. Todavía duele –y mucho- la derrota del domingo. Un partido lleno de ilusiones en donde se pudo salvar Román, por su magia. A veces escribir remueve cosas, dolores, sufrimientos. La mente es una cinta que pasa siempre la misma película. En las últimas horas solo la almohada sabe que cosas se piensan. Son todas tristes, son todas dolorosas. El héroe no estuvo en la cancha hoy miércoles, día en que los héroes de Malvinas recuerdan como la hipocresía del país los fue a despedir con honores y los recibió dándoles vuelta la cara. Ellos fueron y lucharon contra todos y contra todo, mientras que unos pocos seguían tomando sus whiskys puertas adentro. Muchos, siguen diciendo que con ellos estaríamos mejor. Muchos, solo recuerdan a los que nos representaron solo en un feriado.
Frente al televisor, como si tuviese una máquina del tiempo, me trasladé a mi primera vez viendo a Boca. Fue en 1997 en la cancha de Central. Sábado por la noche y la victoria boquense que se veía opacada por violencia. Mi viejo se arrepentía de haberme llevado con 9 años, para ver eso. Pero en realidad, ese día fue cuando definitivamente Boca y yo, o mejor dicho yo, cerré mi vínculo con sangre. Me marcó a fuego toda esa gente copando la popular visitante. Es a esa gente –no la barrabrava-, la que es hincha, a la que le escribo.
Porque estamos frente a un nuevo aniversario de esos cinco jóvenes, que se sentaron en un banco y se pusieron un club al hombro. Ojo, que no es un Banco. La plata no importaba, solo lo importante era la gloria. En el medio del barrio, en el medio de La Boca, sentados en una plaza forjaron esto que nos identifica.
Ya es 3 de abril. Hace 109 años nacía esta pasión incontrolable, que desde el inicio fue pura y exclusivamente de la gente. De los hinchas, de Victoriano Caffarena y su viaje a Europa con el primer equipo. De los que siempre llenaron las gradas, las plateas, la popular. Los que festejan su día, porque merecen un reconocimiento. Ellos, que desde siempre y para siempre van a estar. De todos nosotros.
Hoy es un cumpleaños nuevo. Raro, medio triste. Por más que no somos hinchas de los resultados, estamos en medio de la incertidumbre. No sabemos a dónde ir, nuestro único destino es domingo de por medio la Bombonera. Para re significar eso que tanto amamos.
Hoy es tu cumple Boca, y no sé porque, pero no creo que sea como otros. Se respira en el aire ¿viste? O mejor dicho, nos quieren hacer creerlo. De que estamos tirados, contra las cuerdas, que ya está, que el árbitro va a llegar a diez y el KO será inminente. Pero no Boca.
No y no. No va a pasar. Porque no importa si es una crisis de edad. Ellas siempre sirven, para remontar y mejorar. No importa si es por los malos manejos, de quienes nos quieren echar. Esos dueños del marketing y el comercio, que piensan que Boca se olvidó de sus raíces. Acá estamos los que tenemos memoria, los que crecimos con la gloria al lado, y sufrimos por demás. Los que no vendemos nuestra historia, los que no nos dejamos llevar ni por la violencia, ni por el exitismo, ni por lo que nos digan los demás. Porque somos nosotros los que tenemos el destino las manos, y alentamos a los que los tienen en los pies. Porque si alguien no está a la altura, vamos a hacer que se contagie, si no sería un fantasma.
Dale Boca, te necesito bien en tu cumple. Respirá, pensá, puteá, descárgate y volvé. Volvé como siempre lo hiciste, con ese fuego sagrado que no se apaga, con los que se enrolan detrás de las banderas del triunfo. Pero no solo el de los tres puntos, si no el del corazón, la garra, el barrio, la esencia. Los que pelean para que los olvidados no lo sean más, para que todos tengan en esta casa, un lugar. Para que Boca no sea un sueño lejano, ni un recuerdo de un paseo por allá.
Vamos Boca, que acá tenes el aguante más fiel de la historia. El que no se cansa de alentar. El que grita con rugidos eternos, para que con vos creamos en la eternidad. Y que si la muerte llega, que no lleve cuando disfrutemos un gol ¿para qué más? Porque sos lo que nos cambia la semana, la familia, la vida, la historia, renovando las ganas de respirar. Porque sos azul y sos oro. No importa lo que quieran vender por acá, porque ellos en pocos años no pueden cambiar, más de un siglo de edad. Porque el alambrado se llena de pibes, las butacas de los vitalicios que te empujaron siempre desde atrás.
Ellos ya están grandes, nos dan la posta, saben que lo vamos a hacer, que nos pueden confiar. La palabra, el aliento, la grandeza, la mística, la paternidad. Porque nacimos grandes y vamos a morir con una grandeza mucho mayor. Porque acá estamos pegados a la radio, mirando la tele, abrazando al de al lado en la cancha, para sentirnos nosotros de verdad. Porque todos juntamos fuerzas, y energías. Nadie nos lleva por delante así nomás.
Vamos Boca levántate. Hoy tenes que festejar. 109 años desde que naciste, y todos los que vengan en la inmortalidad. Porque sos huevo, sos garra, sos lo que no entienden muchos de los que te robaron el olor, las generaciones, lo familiar. Porque si estas así, es porque ganaron o votaron a unos pocos, pero somos mucho más de la mitad. Del país, de la Argentina, de cualquier lugar en donde una camiseta con la franja amarilla sea reconocida al pasar. Y te griten ¡Vamos Boca! ¡Qué grande que es Boquita, papá!
Porque todos pasan, menos los que siempre estamos por acá. Para abrazarte, para contenerte, para confesarte que sin vos no podríamos ni caminar.
Porque sos único en el mundo, la gente lo sabe, los extranjeros lo entienden, los envidiosos no lo pueden soportar. De que siempre te acompañamos y en las malas mucho más. Que esto no es cosa de un domingo, de un miércoles, que vivimos toda la semana, esperando para volverte a encontrar. En la cara de los pibes, en las arrugas de los abuelos, en las anécdotas con La 12, en el habano de Diego, en la pisada de Román. En el milagro de Palermo, en los penales que no pudieron entrar, en las copas en que brindamos, en las broncas de un partido malo, de la impotencia que produce cuando alguien que nos visita se va triunfante, y que como muchos de tu seno, se olvidaron de respetar.
Pero nosotros no, Boca. Nosotros no. Porque somos vos, y vos sos nosotros. Porque la vida tiene sentido si se la mira en La Bombonera. Porque lloramos de angustia, nos mordemos las manos, nos abrazamos con el alma. Porque sos poesía, sos el mejor cuento jamás escrito, la mejor canción escuchada. Sos esa forma de revivir cada domingo. De nacer en cada corajeada. Del huevo, huevo, huevo. Del toque y la magia. Sos 109 años de gloria, y muchos más con la gente que no te falla.
Porque Boca, en lo personal, no hay parte de mí que no me duela cuando el destino parece que no aclara. Ni felicidad más grande que me invada. Cuando estás bien, estas saludable con las fuerzas renovadas. Con la mirada en alto, con el sudor y la sangre derramada. Con el orgullo intacto, y grandeza instalada. Porque Boca, si tenes un feliz cumpleaños yo lo tengo. Lo tenemos todos.
Porque siempre dije que, por razones lógicas, amaba más a mi vida que a vos. Pero el problema empezaba, cuando me daba cuenta que mi vida sos vos. Es tu bandera que flamea, en lo alto, en la cima -donde tenes que estar- bien levantada.
