Por Boca han pasado un sinfín de jugadores que ilusionaron a los hinchas y eran apuestas importantes pero no todos lograron cumplir con las expectativas. Cuando Diego Armando Maradona regresó al club para 1995, en ese año y los siguientes muchísimos futbolistas pasaron por la institución sin pena ni gloria.
Sandro Guzmán fue uno de ellos y quedó marcado por algunos partidos para el olvido bajo los tres palos. Había hecho inferiores en Vélez y era el suplente de José Luis Chilavert en los títulos de la Libertadores e Intercontinental 1994. Para 1996 llegó al Xeneize mientras Carlos Bilardo era el entrenador.
Atajó un total de 18 partidos en el club pero hubo dos en 1997 que lo marcaron a fuego. El primero, un Superclásico por el Clausura de ese año, donde el Xeneize ganaba 3 a 0 y se lo empataron 3-3, con responsabilidad del arquero en el último gol.
Más adelante en ese torneo, el Bambino Veira lo sacó en un duelo contra Deportivo Español por bajo rendimiento. “Lo saqué para protegerlo”, fue la frase del DT por su decisión en lo que terminó con derrota 3 a 1 de local.
Cambió de rumbo: la nueva vida de Sandro Guzmán
Sandro Guzmán no pudo encontrar su mejor versión en Boca y luego pasó por otros clubes de primera y el ascenso. Se retiró con 32 años en Argentino de Quilmes, y su vida tomó un rumbo completamente distinto alejado de la pelota.
La música reggae fue su primer refugio y con un peinado de rastas tuvo una banda. Fue cantante y DJ y en paralelo tuvo un kiosco en la zona de Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires.
Pero luego de probar su beta artística, el ex arquero decidió tirarse para el lado de la medicina, puntualmente la osteopatía. “Me gusta mucho, porque está más orientado a lo natural. Ya hace cuatro años que estoy con la osteopatía. Lo elegí porque todo lo que está relacionado a la medicina siempre me interesó”, expresó Guzmán hace un tiempo en diálogo con Infobae.
