Podría estar en Arabia, contando millones que engrosarían aún más su patrimonio personal, disfrutando de los lujos y jugando en una liga sin tantas presiones.
También podría estar en Uruguay, su país natal, bien cerca de su familia, de sus afectos, dándose el gusto de competir en el torneo que alguna vez lo vio dar sus primeros pasos con la camiseta de Danubio.
Claro que podría estar, tranquilamente, en el fútbol brasileño, en la MLS de Estados Unidos, que se revitalizó tras la llegada de Messi, o en algún equipo de México, donde pagan el doble o el triple en comparación a la Argentina.
Pero no, nada de lo relatado anteriormente ocurrió. Porque la camiseta de Boca, la mística de la hinchada, el deseo de jugar en La Bombonera y treparse al alambrado pudieron más que cualquier billete. El corazón sobre todo, Edinson. ¡Gracias por elegirnos!
