En esta sección, hablamos exclusivamente de fútbol: esquemas, cambios, asociaciones y más. En esta entrega, la victoria del Xeneize en Avellaneda.

Formación inicial: la quinta amarilla de Ledesma obligó a un cambio. Su lugar lo ocupó Bravo, con el mismo rol y función. Volvieron Orion y Gago y el equipo formó con un 4-4-1-1. Riquelme parado de enganche con Erbes y Sánchez Miño a los costados, y Gigliotti solo adelante.

El 1 a 0: golazo. Enorme corrida de Insúa que aprovechó los espacios que la defensa de Racing dejó en su zona. Hizo una diagonal y enganchó en el área. Ahí la jugada tomó mayor peligro, y Sánchez Miño recibió solo para convertir.

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El flanco izquierdo: gran partido de Insúa y Sánchez Miño, que cada vez se entienden mejor. Es una de las sociedades que mejor fluye en este Boca. Ambos se hicieron cargo de su zona y, en ataque, fueron claves para el equipo. También es importante el rol de Forlín, cubriendo la espalda del lateral en cada subida.

Desatenciones defensivas: Boca dominaba en el juego pero no encontraba profundidad. En el fondo, algunas distracciones hicieron que, de a poco, el local se acercara más y gane confianza. El hueco entre Díaz y Marín era una zona de peligro.

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El 1 a 1: claro penal de Díaz, quien casi olvida la pelota y solo se enfoca en que su rival no cabecee. Orion se tiró bien, estuvo cerca de atajarlo pero fue bien ejecutado por Saja.

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El 2 a 1: Acosta rompió todos los esquemas. Gambeteó y dejó solo a Gigliotti, quien no le pega fuerte pero sí coloca su remate. Eso hizo que el arquero tenga que esforzarse para tocarla y no pueda evitar el rebote. Erbes, muy atento.

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Los cambios de Bianchi: Luciano Acosta ingresó por un Riquelme agotado físicamente. Le aportó frescura y fue clave en el segundo gol. Diego Rivero y Claudio Pérez reemplazaron a Sánchez Miño y Erbes, respectivamente, para darle mayor contención al mediocampo y así poder “cerrar” el encuentro.

Para trabajar: por momentos se tuvo el dominio del juego pero faltó profundidad para generar mayores situaciones. Algunas distracciones defensivas pudieron terminar peor.